jueves, 26 de junio de 2014

DIENTES SANOS EN LA TERCERA EDAD


El cuidado e higiene bucal en ancianos son tan importantes como en cualquier otra etapa de la vida, y deben llevarse a cabo con regularidad para prevenir enfermedades dolorosas, pérdida de piezas dentales y masticación inadecuada. Sin duda, la ayuda del odontólogo es muy importante en esta labor.
Todavía muchas personas consideran que la pérdida de piezas dentales es parte normal del envejecimiento y, en forma casi automática, al pensar en la vejez imaginan a una persona de sonrisa chimuela o que usa dentadura postiza. Empero, cabe señalar que el avance en los conocimientos respecto a salud y enfermedad bucales ha demostrado que la mayoría de las muelas o dientes ausentes en la tercera edad pudieron salvarse con medidas preventivas.



En efecto, ahora sabemos que para gozar toda la vida de una dentadura atractiva y funcional es indispensable contar con adecuados hábitos de limpieza, dar mantenimiento a prótesis (si es que se requieren) y visitar al odontólogo para que efectúe limpieza profunda y verifique la correcta alineación de las piezas.

En concreto, las personas de la tercera edad deben adaptar estas medidas a sus necesidades y hacer pequeños ajustes a sus hábitos nutricionales y de vida, a fin de tener buenos resultados. No hay de qué preocuparse, pues se trata de tareas sencillas, que se aprenden en poco tiempo y que, en cambio, redituarán en beneficios permanentes.






Sexualidad y plenitud: amor en la vejez

Hay quienes creen falsamente que llegar a la vejez implica sepultar la sexualidad, la sensibilidad, el amor y todo lo que rodea esta dimensión de la personalidad. Es bueno saber que la sexualidad es un aspecto que trasciende todo nuestro ser y que nos acompaña desde que nacemos hasta nuestros últimos días.
Nuestra sociedad emite mensajes de sexualidad en la vejez, que se incorporan desde edades tempranas, y que contribuyen a la construcción de ideas erróneas en relación a la sexualidad y expresión amorosa de los adultos mayores.

Graciela Taffarelli, consultora psicológica, especializada en desarrollo personal, indica que estas creencias pueden actuar de manera negativa en los individuos y afectar notoriamente el poder disfrutar y sentirse plenos en las relaciones de pareja y, en especial, en esa etapa de la vida.
Las parejas en esa etapa terminan afirmando que hay un tiempo para todo, y que en este tiempo hay cosas que ya no corresponderían.
Pensar que el amor y sus expresiones son cosas de la juventud es un pensamiento erróneo que puede obstaculizar el verdadero sentir y la forma de expresarlo. "Pareciera que, hoy, disfrutar de la sexualidad muchas veces  tiene que ver con desarrollar cierta capacidad y eficiencia en destrezas amorosas para el encuentro íntimo. Además, la idea de cuerpos jóvenes, atléticos y potentes, entre otras cosas, serían aspectos que garantizarían la experiencia", analiza la psicóloga.

LA FELICIDAD  EN LA VEJEZ

En la vejez, surgen nuevos achaques y algunas limitaciones físicas como consecuencia del paso de los años. Dichas limitaciones, a veces, también implican pérdidas de memoria. Por otro lado, la soledad en la última etapa de la vida puede ser habitual puesto que el anciano ha visto morir a muchas personas queridas. De hecho, a veces, algunos mayores han tenido que hacer frente a la peor de las tragedias: la muerte de un hijo.
La felicidad en la vejez es posible. Pero por supuesto, el anciano en su fragilidad necesita del cariño y del amor de los demás. Por tanto, el anciano necesita sentirse parte importante de la familia.

La felicidad en la vejez implica el recuerdo gozoso del pasado. Por otra parte, el anciano también debe de disfrutar el presente desde la tranquilidad y la paz. A nivel médico, por supuesto, el anciano debe de sentir total confianza en su médico para poder hacer frente a cualquier malestar. A veces, los mayores sólo necesitan llamar la atención para recibir un poco de afecto y cariño. Además, hoy día ha aumentado de forma notable la esperanza de vida como consecuencia de la mejora en la calidad de la higiene y también en el desarrollo médico.



De hecho, la soledad en las personas mayores es todavía mayor en las grandes ciudades que en los pueblos donde existe una vida más cercana entre los vecinos. La dependencia emocional es perjudicial para cualquier persona, sin embargo, en la vejez es esencial para poder vivir. El anciano por pura ley natural depende del cuidado y de la compañía de los más cercanos para poder estar bien al cien por cien en cuerpo y alma.







LA PERSONALIDAD EN LA VEJEZ

Existe la creencia popular de que cualquier cambio en la personalidad asociado a envejecimiento debe ser una característica negativa o adversa. Dichos estereotipos existen incluso entre aquellos que deberían asumir los cambios con una perspectiva desapasionada y profesional. El funcionamiento de la personalidad en los ancianos puede dividirse en aspectos negativos, neutrales y positivos de la personalidad.

Las perspectivas negativas o neutrales predominan sobre las positivas. Sobre los profesionales responsables del cuidado de los ancianos, con frecuencia en los momentos de estrés y ante la presencia de una grave enfermedad mental o médica, también se inclinan por una perspectiva predominantemente negativa de los cambios percibidos en sus pacientes ancianos. ¿Cuáles son los cambios de la personalidad relacionados verdaderamente con el envejecimiento y de qué manera han sido estudiados?
Existen dos formas de observar los cambios de personalidad con el envejecimiento. En primer lugar, en los cambios de los diversos rasgos de personalidad (¿se tornan más o menos acentuados?). En segundo, ¿cuáles son los procesos del desarrollo que tienen lugar en la personalidad? Este último enfoque está íntimamente relacionado en la edad avanzada con el concepto de adaptación y se considerará en ese contexto.











Un argumento que merece especial atención es si la personalidad cambia con el envejecimiento o después de un período inicial de desarrollo formativo, o si permanece relativamente estable y constante durante toda la vida. Muchas consideraciones teóricas sustentan el concepto de una personalidad estable a lo largo de la vida. Por ejemplo, una perspectiva dinámica sobre la formación de la personalidad sostiene que los determinantes más importantes de aquella se formaron en la infancia después de un período crítico, lo que favorecería el concepto de estabilidad. Una perspectiva contraria, como destacar la importancia de los factores genéticos y constitucionales tempranos, también apoya la teoría de la estabilidad.
Otros estudios apoyan la idea de la estabilidad de la personalidad con el envejecimiento, el único cambio de cierta importancia es un aumento de la introversión a medida que avanza la edad. Otro estudio se inclina a favor del modelo de estabilidad, pero observó ciertos cambios, que podrían haberse atribuido a hipocondría y depresión en los grupos jóvenes; parecen estar más relacionados con una reacción apropiada a una enfermedad real.






ACTITUDES ANTE LA MUERTE.

Queremos saber las actitudes que tienen las personas ante la muerte, ¿Quiénes  son los ancianos? ¿Cómo experimentan las personas su propia vejez? ¿a raíz de qué  hecho empezamos a pensar en la muerte? ¿Cuáles son nuestros miedos? ¿Cómo debemos acompañar a estas vidas en el proceso de mayor limitación? ¿Qué requisitos requiere este acompañamiento? ¿Qué hacer? ¿Cómo hacer?

Las actitudes ante la muerte son un producto de la educación, que varía en función del contexto cultural. Están estrechamente relacionadas con la visión personal del mundo y con la posición que uno considera que ocupa en el mundo. Esto a su vez tiene que ver con el control percibido de la realidad, en concreto de las leyes naturales (visión de control o de sometimiento), pues una sensación de control sobre éstas (es más acusado en los países desarrollados) lleva a tener menos conciencia del poder de la naturaleza sobre la vida y por lo tanto de la muerte. También tienen que ver con las experiencias relacionadas con la muerte, con la esperanza de vida y con las creencias sobre lo que es un ser humano.
La muerte genera todo tipo de actitudes y emociones siendo el miedo y la ansiedad las respuestas más comunes.

 Para Limonero (1997), la ansiedad ante la muerte se puede entender como una reacción emocional producida por la percepción de señales de peligro o amenaza a la propia existencia. La ansiedad podría aparecer ante la presencia de una enfermedad grave, la muerte de un ser querido, la noticia de un fallecimiento o por estímulos situacionales que por asociación con los anteriores han condicionado estímulos internos del sujeto tales como pensamientos o imágenes relacionadas con la muerte propia o la de un ser querido.
Otra de las mayores preocupaciones entre la gente moribunda es permanecer solo. Las personas que mueren en hospitales experimentan sentimientos de soledad aunque no están solos, el contacto de enfermeras a moribundos es frecuente y puede llevar a una relación de confianza que ayudara a reducir la soledad y el aislamiento.


  













sábado, 14 de junio de 2014

Autoestima en la vejez



Abud y Bojorquez (1997) consideran a la autoestima  como un concepto, una actitud, un sentimiento, una imagen; como la capacidad para valorar el yo y tratarse con dignidad, amor y realidad, y como ¨ el juicio personal que hace  el individuo acerca de su propio valor¨. Describen asimismo tres componentes importantes relacionados entre sí, el deterioro de uno de los cuales afecta negativamente a los restantes:

Componente cognitivo: Se refiere a ideas, opiniones, creencias, percepción y procesamiento de información; conjunto de autoesquemas  usados para reconocer e interpretar estímulos importantes del ambiente social y experiencias pasadas; incluye al autoconcepto como origen y desarrollo de la autoestima.

Componente afectivo: Valoración de lo que en cada persona es positivo y negativo, e implica una sensación de lo que se considera favorable o desfavorable, agradable o desagradable.

Componente conductual: Tensión, intención y decisión de actuar; manifestación de comportamiento consecuente y coherente.
En diversas investigaciones se ha demostrado que el periodo previo al ingreso del anciano a las instituciones se presenta de forma crítica, durante este tiempo se le presenta un episodio intenso de estrés e incertidumbre debido al miedo y expectativas hacia las condiciones y situaciones del lugar, ocasionando así tensiones internas en el adulto mayor.















Referencia:  http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=29290204






ANSIEDAD EN LA VEJEZ



La ansiedad normal es una respuesta apropiada ante una situación amenazante, según Kaplan y Sadock (2000). De la misma forma, se diferencia del miedo en que la ansiedad es una respuesta a una amenaza conocida.

Kaplan y Sadock (2000) mencionan que la experiencia de ansiedad tiene dos componentes: la consciencia de las sensaciones fisiológicas (como palpitaciones y sudores) y la consciencia de estar nervioso o asustado. El sentimiento de vergüenza puede aumentar la ansiedad y muchas personas se asombran al enterarse que los demás no se dan cuenta de su ansiedad o , si lo hacen, no pueden apreciar la intensidad de la misma.






Además de los efectos motores y viscerales, la ansiedad afecta el pensamiento, la percepción y el aprendizaje. Tiende a producir confusión y distorsiones en la percepción no solo respecto del tiempo y el espacio, sino también en relación con las personas y el significado de los sucesos. Tales distorsiones pueden interferir con el aprendizaje al disminuir la concentración, reducir la memoria y alterar la capacidad de relacionar un tema con otro.

Un aspecto importante sobre las emociones es su efecto sobre la atención selectiva. Las personas ansiosas están predispuestas a seleccionar ciertas cosas de su entorno y descuidar otras en su esfuerzo por demostrar que está justificado el que considere una situación como amenazante y respondan en consecuencia. Si falsamente justifican su miedo, sus ansiedades aumentan, distorsión de la percepción e incremento de la ansiedad.






LA DEPRESIÓN EN LOS ANCIANIDAD


Se dice que hay una depresión siempre que aparezca un fallo en el tono neuropsíquico, ya sea pasajero o perdurable. Se trata de un estado sintomático y no de una situación inherente. La depresión puede variar desde de un ligero abatimiento hasta el estupor; por su forma más ligera, el anciano infeliz tiene un sentimiento de incapacidad, desaliento, inutilidad y perdida de interés por las actividades habituales. En la depresión poco un poco más profunda hay una constante tensión desagradable; cada experiencia se acompaña de pena y el enfermo puede estar temeroso, preocupado, angustiado, agitado, perplejo y padecer de un sufrimiento físico y emocional (Martínez, 2003).
Las dolencias corporales, tales como las cefaleas , fatiga, falta de apetito, constipación y otras son muy comunes, así como el insomnio, ideas de culpa y autoacusación, y aparece la idea de suicidio (American psychiatric Association, 1995. La expresión facial característica es de decepción, desesperanza y temor: las comisuras se inclinan hacia abajo y la mirada permanece fija.




Los grupos de músculos antagonistas muestran cierto desequilibrio, con contracción ligera de los flexores y abductores, de tal manera que aparece la llamada ¨ actitud de flexión¨ de la depresión. Los movimientos se ejecutan lentamente Señala Gonzáles (2002): ¨ La mayoría de los adultos mayores conservan casi intactas sus facultades mentales; solo muy pocos muestran deterioro en su función cognoscitiva. Sin embargo, es un hecho que las enfermedades demenciales aumentan conforme la expectativa de vida. Por otra parte, en un episodio depresivo en un paciente de edad avanzada puede ser difícil de diferenciar  de la demencia, pues ambos pueden cursar con apatía, dificultad de concentración y alteraciones de memoria (Fernández y Muñoz, 2001)






EL APRENDIZAJE EN LOS ANCIANOS
     





Existen en la actualidad demasiados tópicos, sin duda erróneos, sobre el envejecimiento, y uno de estos tópicos es que al alcanzar una cierta edad una persona es “demasiado mayor para aprender”. Esta sentencia carece de total sentido, más aún cuando la persona tiene menos de 60 años, pero ¿Qué ocurre en realidad con las personas mayores de sesenta años?
Sucede que su capacidad de aprendizaje continúa siendo realmente amplia, sobre todo si también se mantienen amplios los factores motivacionales de que cada uno dispone.
Es posible, sin ninguna duda, aprender la misma clase de conocimientos y habilidades a los sesenta y cinco años que a los dieciocho pero necesitamos mayor cantidad de intentos y de más tiempo para el aprendizaje. Hay factores, no obstante, que pueden influir en que se dé una disminución en el rendimiento de la persona mayor, como por ejemplo la disminución de la agudeza sensorial (hipoacusia, déficit de visión), mayor fatigabilidad, etc.; pero ninguno de estos factores están directamente relacionados con la disminución en la capacidad de aprendizaje.
¿Qué es la motivación y por qué es tan importante?: La motivación es el deseo constante de superación. La motivación es intrínseca cuando la persona fija su interés en el hecho de realizar una actividad por el placer y la satisfacción que experimenta mientras aprende, explora o trata de entender algo nuevo.
De hecho, diversos estudios al respecto han demostrado que las personas de edad avanzada son capaces de obtener niveles de conocimiento iguales o mayores que los de las personas más jóvenes si disponen de una alta motivación para ello.
Se ha visto que un factor definitivo y concluyente parece ser el uso de estrategias de aprendizaje son diferentes para las personas mayores, como por ejemplo el hecho de no tener tanto en cuenta la rapidez en la tarea, sino la calidad y el propio disfrute de la misma. Interesarse por aprender cosas nuevas en esta edad es el mejor modo sin duda alguna de luchar contra los sentimientos de soledad y contra el aislamiento; es la forma de demostrarse a uno mismo que aún queda mucho por hacer y que la finalidad de sus actividades ya no están, por suerte, en la obligación de aprobar una asignatura o en la necesidad de sacar unas oposiciones o de obtener un ascenso, sino en el propio “saber por saber”, en el disfrute de “aprender porque disfruto aprendiendo, porque me interesa esta actividad de forma personal”.




Referencia: http://blog.infoelder.com/la-capacidad-de-aprendizaje-en-las-personas-mayores