sábado, 5 de abril de 2014

La Soledad en los Ancianos

La soledad puede ser descrita como un sentimiento no esperado y muchas veces no deseado, de pérdida de compañía, o el sentimiento de que uno está solo y no le gusta esta situación. En determinados casos puede tener implicaciones para la salud de las personas que la experimentan.
Para los ancianos, en general, la soledad es una situación no deseada ni buscada y muy personal, es decir, lo que para una persona puede ser una situación más o menos aceptable, para otra puede ser tremendamente angustiosa.
La mayoría de las personas que experimentan la soledad son los ancianos mayores, los viudos y las viudas y las personas con incapacidad. El problema es muchas veces serio en los ancianos ingresados en residencias. También la experimentan con frecuencia mujeres mayores casadas, ancianos que viven con hijos casados y los inmigrantes de otros países, especialmente aquellos que no hablan bien la lengua.
Se ha podido comprobar que la soledad es menos frecuente en aquellas áreas rurales en las que todavía permanece un sentimiento de comunidad.
Fundamentalmente existen dos tipos de soledad:
      Externa, condicionada por las circunstancias vitales de la persona.
      Interna, más estrechamente relacionada con el tipo de personalidad.



Propuestas para aliviar la soledad

Se han puesto en marcha, a veces con carácter experimental, distintas iniciativas para intentar paliar este enorme problema con el que se enfrentan nuestras sociedades en la actualidad.

Existen actividades en las que los ancianos pueden participar para combatir la soledad:

  • Realizar actividades como pintura, escritura, etc.
  • Tratar de mantener los ancianos activos a través de algún deporte.
  • Realizar algún tipo de manualidades para mantenerlos entretenidos.
  • Mantener sus mentes ocupadas y en constante movimiento a través de la estimulación cognitiva.
·         Realizar actividades en casa en compañía de sus familiares.

Entendemos que la familia desempeña un destacado papel en la prevención de este problema.
 Los médicos de familia, las enfermeras y los trabajadores sociales de los centros de salud están en una posición privilegiada para identificar a los pacientes en soledad debido a nuestro contacto permanente con ancianos, pacientes afligidos y personas con discapacidad (los tres grupos de mayor riesgo) y poner en marcha iniciativas para corregir el problema.




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